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La nueva minería

La riqueza escondida bajo la tierra se transforma en oportunidades para los que viven sobre ella.

Minería es una palabra fascinante.

Con solo pronunciarla evocamos el futuro, pese a que aparece en la faz de la tierra casi junto con el hombre.

Hace dos millones y medio de años los predecesores del homo sapiens empezaron a recuperar distintas variedades de rocas para tallarlas y fabricar herramientas.

La importancia de aquella rudimentaria aproximación a la minería es tal que historiadores, científicos y antropólogos coinciden en señalar ese momento, como el salto entre la Edad de Piedra y la Edad de Hierro, punto de partida de la civilización humana. Nada menos.

Para los argentinos el concepto de Minería tampoco es ajeno. Ni reciente: el gobierno de Juan Domingo Perón instituyó el Día de la Minería en 1945, como homenaje a la primera Ley de Fomento Minero sancionada el 7 de mayo de 1813 por la Asamblea Constituyente.

¡Hace casi 200 años!

Ya en aquel momento, en un país balbuceante, unido apenas por la enjundia de un puñado de pioneros, la institución fundadora de la soberanía nacional instituía la trascendencia de la actividad productiva minera.

Pero es en San Juan, en esta bendita tierra, donde la idea de la minería se encarna, se arraiga y se agiganta a través de la figura de un gigante: don Domingo Faustino Sarmiento.

El aporte de ese titán del progreso que fue nuestro comprovinciano comenzaba en lo conceptual, lo que se demuestra remitiéndonos a sus propias palabras: “Las minas son hoy el fuego que conduce a los pueblos al desierto para poblarlo; y como requieren inteligencia, civilizan a la par que pueblan”.

Y como Sarmiento no se quedaba en las palabras, impulsó como gobernante provincial y nacional todo lo que en aquellos años significaba el salto de los argentinos hacia la modernidad: la educación, impulsando la escolarización y la capacitación docente como nadie. La comunicación, a través del telégrafo y los cables submarines. El transporte, por medio de los ferrocarriles y los vapors. La producción, incentivando las fábricas. Y, por supuesto, el mayor de sus sueños industriales: el desarrollo de una poderosa actividad minera en la Argentina.

Una industria que –imaginaba Sarmiento- fuera lo suficientemente innovadora, intrépida y desafiante para llevar a la gente de estas tierras, tan alejadas de los grandes centros de poder mundiales, a vivir épocas de gloria y de pujanza.

Una industria por la que luchó toda su vida, y cuyos pasos iniciales se dieron precisamente en San Juan: aquí se redactó el primer Código Provincial de Minería de la Argentina, y quizá de Latinoamérica. Aquí se incorporó por primera vez al colegio nacional la cátedra de Mineralogía, y aquí se creó en 1873 la primera Escuela de Minas.

Sarmiento murió batallando por desarrollar la minería sanjuanina contra los testaferros a sueldo del poder financiero internacional, contra los grandes terratenientes, contra los profesionales de la mentira enquistados en la burocracia estatal.

Una pelea sin tregua, como la que también diera otro gladiador de la industrialización del país, Américo García, quien fuera gobernador de San Juan entre 1958 y 1962, e impulsor de la primera fábrica de cemento provincial a gran escala, allá en la quebrada de Zonda.

Es verdad que los enemigos de entonces no eran los de ahora, pero también es verdad que la lucha por desarrollar la minería sigue siendo la de siempre. La diferencia es que hoy sabemos que no se trata de un anhelo fruto del impulso, sino de la meditación y la consciencia de que una provincia como San Juan, con un 80% de montañas repletas de minerales, no puede dejar su destino cargado solamente en los hombros de los agricultores.

Nuestra agroindustria ha dado un fenomenal salto hacia delante, y nadie puede poner en duda la importancia de seguirla apoyando con plena determinación, pero el despegue definitivo de la provincia radica en que la riqueza escondida bajo su tierra de una buena vez se transforme en oportunidades para todos quienes viven sobre ella.

Hoy San Juan hoy está pulseando con más fuerza que nunca por llevar adelante esta industria, cumpliendo con el sueño de Sarmiento: transformar a la Argentina de país con minería a país minero. Con voluntad, consciencia y visión mineras. Y en ese contexto de desarrollo, posicionar a San Juan como la Primera Provincia Minera Argentina.

Podemos dar fe que no se trata de un anhelo gratuito: San Juan ha venido creciendo sistemáticamente, y el auge de la exploración y explotación minera es, lejos, la principal causa de ese crecimiento.

Dos datos ejemplares: en 2007 la producción minera total de la Provincia de San Juan alcanzó casi los 2.000 millones de pesos. Es decir, creció en un 514% con relación a 2003.

Pero hay una cifra más impresionante aún: el monto de las exportaciones, que en 2007 bordearon los 384 millones de dólares, o sea 21 veces más que en 2003.

Sin embargo, por impresionantes que sean, existe un hecho que nos satisface más todavía: la constatación de que la minería beneficia a todos en la práctica.

Pero no sólo directamente, en virtud de recaudaciones tributarias, impuestos y regalías, sino también por su calidad de actividad diversificadora y potenciadora de la economía.

El auge de esta Nueva Minería hizo necesario crear programas multisectoriales, en los cuales el Gobierno provincial cumple el rol protagónico, puesto que implica el mejoramiento del sistema vial, la extensión del sistema de interconectado de energía eléctrica, la ampliación de la red de gas natural industrial y domiciliario, el mejoramiento de los sistemas de telecomunicaciones, y la ampliación de las redes de agua potable y cloacas.

La minería como vector de crecimiento también ha gatillado la implementación de programas de desarrollo de zonas industriales y de servicios donde, además de generar la infraestructura, ha sido necesario mejorar los sistemas de transporte público, la accesibilidad y la vivienda, como complemento a las obras civiles.

Además, todos estos saltos de progreso llevan de la mano obras materiales y de organización, tales como escuelas, centros comunitarios, deportivos y de salud, uniones vecinales, bibliotecas, áreas verdes e innumerables iniciativas que promueven la calidad de vida de todos los sanjuaninos.

Por cierto, un solo dato puede resultar determinante: en las zonas de explotación minera la incidencia es tan enorme que, en la mayoría de los casos, la población local no tendría ocupación fija y estable si no existiera la minería.

Y más aun: hoy ya podemos visualizar el efecto de la actividad minera, proyectándonos al año 2010 con datos ciertos y concretos.

Para entonces habrá al menos cinco megaproyectos mineros en marcha.

La producción base minera alcanzará los 2.700 millones.

Las exportaciones provinciales habrán saltado a 550 millones de dólares.

La participación de la minería en el Producto Bruto Geográfico sanjuanino se habrá incrementado del 26 al 36 por ciento.

Las empresas contratistas pequeñas y medianas de origen sanjuanino habrán pasado de las 190 que existen hoy a más de cuatrocientas.

Y otra cosa más: la mano de obra contratada permanentemente en condiciones dignas y con sueldos dignos se elevará por sobre las 45.000 personas.

Nuestro plan de gobierno tiene puesta la mirada en un logro primordial: celebrar el Bicentenario con San Juan transformada en el gran ejemplo argentino. Y para eso, ser la Primera Provincia Minera del país no es un capricho o un slogan vano.

Es una obligación irrenunciable.

No vamos a ser el gran ejemplo argentino si nos conformamos con la mediocridad, si nos encerramos en el recelo, si nos estancamos en la ignorancia.

Por eso es imprescindible dar la batalla que sea para defender el futuro de la gente, y esa batalla no la vamos a ganar solos.

Necesitamos la colaboración de todos quienes participan de esta actividad, informando, promoviendo, transparentando, educando.

Necesitamos que los sanjuaninos confíen en la responsabilidad social de las compañías mineras. En su vocación de cumplir con todas y cada una de las normas económicas, sociales y ambientales. En su decisión de ser buenos vecinos y empleadores.

Así podemos seguir jugándonos por esta Nueva Minería, que no es cualquier minería y no es a cualquier costo, sino una minería responsable con el medio ambiente, respetuosa de la ley y solidaria con las personas.

Esta Nueva Minería que necesitamos de forma imperiosa porque nos está haciendo cada día más y más independientes.

Más independientes para encarar las obras públicas que necesita la provincia. Más independientes para afrontar la solidaridad social. Más independientes para generarle oportunidades a empresarios y trabajadores. Más independientes para procurar mejor calidad de vida para nuestros comprovincianos.

Más independientes, en definitiva, porque estaremos contando con recursos propios para construir nuestro futuro por nosotros mismos.

Eso sognifica ser la Primera Provincia Minera de Argentina.

Como quería Sarmiento. Como los sanjuaninos necesitan.

Como debe ser, si de verdad queremos ser grandes.